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Trump estrena la estrategia de “héroe invencible” y una jugada riesgosa

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La escena estuvo cuidadosamente planificada: Donald Trump descendió del helicóptero en el jardín sur de la Casa Blanca con su rostro tapado con el barbijo con el que había salido del hospital minutos antes. Caminó unos cuantos metros por el césped hasta llegar a la mansión, subió una escalera sin problemas hasta el primer piso y luego se frenó en el balcón, decorado con cuatro banderas estadounidenses de fondo. 

 

Allí miró a los fotógrafos y, en un gesto teatral y a la vez desafiante, se quitó el tapabocas y lo guardó en el bolsillo. Permaneció con rostro adusto por casi un minuto mirando hacia el horizonte, hizo la venia y se metió adentro de la casa.

Parecía el fin del show. Pero no. Pocos minutos después, el presidente tuiteó desde su cuenta un video con el resumen de ese momento, como una película que enmarcaba el regreso del héroe a casa, al ritmo de música épica. Nada debía connotar enfermedad o vulnerabilidad en un hombre conocido por su frondoso ego.

A pesar de que el médico presidencial dijo que el peligro de su paciente aún no había pasado y que todavía estaba bajo tratamiento, Trump dio por terminada su enfermedad y busca ahora sacarle rédito político. Así comienza el tramo final de esta inédita campaña electoral para los comicios del 3 de noviembre atravesada por la pandemia.

Si bien el presidente minimizó desde el comienzo el poder del coronavirus, ahora hay una narrativa renovada que refuerza con las imágenes que él valora tanto: el presidente es un valiente guerrero que venció el coronavirus y con esa entereza deben luchar los ciudadanos contra el mal. Sin temor ante la enfermedad. Sin los barbijos que usa puntillosamente su rival Joe Biden y que los expertos sanitarios recomiendan.

Lo dijo con todas las letras: “No tengan miedo del coronavirus”, según reclamó a los estadounidenses que ya han sufrido 210.000 muertos por Covid19.

El presidente, de 74 años y paciente de riesgo, tuvo los mejores cuidados del mundo, en el mejor hospital de mundo. Y, a pesar de que la información médica nunca fue demasiado clara, se lo vio en buena forma, es cierto. ¿Los estadounidenses que murieron entonces fueron unos cobardes que tuvieron miedo al virus?

Encuestas

Es difícil predecir el impacto que tendrá la enfermedad presidencial en la campaña, que ingresa en su etapa decisiva. Trump marcha detrás de Joe Biden por un promedio de 8,5%, según RealClearPolitics, una caída que se agravó después del primer debate del martes pasado.

Algunas encuestas lo dan hasta 14 puntos por debajo. En los estados clave pierde en los sondeos por casi 4%. Luce un poco más complicado de lo que estaba a esta altura en los comicios de 2016, cuando al final terminó imponiéndose a Hillary Clinton.

El presidente necesita desesperadamente retomar los actos de campaña porque sus arengas en los mitines electrizan a sus seguidores. El trumpismo es él. Por más que su vice Mike Pence lo reemplace en sus giras por el interior, está muy lejos de magnetismo de su jefe.

Segundo debate, presente

Pero Trump también necesita la televisión, su arma favorita. Aprovechó que todo el mundo estaría mirando su salida del hospital y montó una película. También, incluso antes de que le dieran el alta, su jefe de comunicaciones ya confirmó que se presentará en el segundo debate el 15 en Miami, tal como está previsto. A pesar de que el presidente tomó y aún toma tres drogas que usualmente se brindan a los pacientes en grave estado, busca mostrar que nada ha sucedido. Que todo continúa como antes.

Cuando recién llegó al hospital, Trump tuvo un par de gestos de empatía que podrían haber sido bienvenidos entre los votantes de los suburbios y las mujeres – dos sectores que le son esquivos– porque agradeció los saludos bipartidistas que le habían mandado y dijo que “no lo iba a olvidar”. A veces mostrar vulnerabilidad, el lado más humano, suma votos por el efecto “compasivo”, explican los expertos.

Si embargo, lo último que quiere el presidente es mostrase débil. El suele colocar nombres despectivos a sus rivales asociados con la falta de energía. Entonces el tono viró luego rápidamente hacia otro lugar más belicoso, donde se siente mucho más cómodo.

El héroe invencible

Es muy posible que ese discurso de héroe invencible agrade y revitalice a sus bases electorales en el interior del país, que desdeñan “el virus chino” –como lo calificó el presidente– y consideran el barbijo como una intromisión de la libertad individual.

Pero es menos probable que esa estrategia logre seducir al electorado independiente, tan necesario para ganar la Casa Blanca. Parte de este sector fue conquistado por la idea de cambio que ofrecía el magnate en 2016, pero ahora hay una gran incógnita sobre quién se inclinará. Es un grupo que se ha mostrado cauteloso con el coronavirus.

En principio, hay ciertas señales: una encuesta de CNN reveló que un 63% de los estadounidenses cree que Trump actuó irresponsablemente ante el riesgo de contagiar y ser contagiado y solo un 33% dijo que fue responsable.

Es posible que a ese sector tampoco agrade demasiado la salida del hospital en camioneta para saludar a sus seguidores que improvisaron una vigilia en la puerta. Con una acción destinada a mostrarse saludable y captar la atención mediática, Trump, aún enfermo y en período de contagio, rompió todos los protocolos sanitarios al obligar al personal de seguridad a acompañarlo en el ambiente cerrado del vehículo.

Trump durante una llamada a su jefe de despacho. La imagen fue difundida durante el fin de semana por La Casa Blanca

Habrá provocado admiración en la decena de seguidores que lo esperaban, quizás también elogien en la America profunda ese gesto de romper las reglas tan habitual del presidente. Pero es difícil que atrape al electorado que cree en el impacto de la enfermedad.

La mayoría de los estadounidenses continua “muy preocupado” por el virus y una encuesta de IPSOS/Reuters de este domingo reveló que el 65% de los ciudadanos, incluyendo 9 de cada 10 demócratas y 5 de cada 10 republicanos, dijeron que “si el presidente Trump hubiera tomado el virus más seriamente, probablemente no se habría infectado”.

Más complicado aún para el presidente: un 57% desaprueba su respuesta general en la lucha contra el coronavirus, un 3% de aumento respecto de la semana pasada.

Trump, que siempre quiso minimizar la enfermedad, abrir enseguida la economía y que la gente se olvidara de ella, coloca ahora al coronavirus en el centro de la escena. El relato del héroe invencible puede ser una jugada riesgosa.

Washington, corresponsal

ap

Tomado de msn.com

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